viernes, 16 de febrero de 2018

Astor Piazzolla

Las cuatro estaciones porteñas



La despedida


El dolor los aleja de la noche. Solos, con el alma en carne viva, saben que el momento ha llegado. No alcanzan los abrazos, las miradas, las caricias prometidas durante años.

Saben que esta vez, la despedida es irrevocable. Como una sentencia a punto de cumplirse, cada uno regresará a su mundo. Territorio de rutinas cotidianas.

No habrá llantos ni reproches… Solo el silencio que recorre sus cuerpos anunciando el final. 

Las luces se apagarán lentamente y solo quedará el misterio de lo que hubiera pasado y no…


Fotografía: Brassaï (Gyula Halász) 

Cantata de puentes amarillos




Puertas y ventanas…


… Siempre hay un misterio por descubrir.






















Música


Y se preguntará
por dónde camina el ciego
siempre al borde del abismo
siempre al límite de la piedra
siempre listo a la caída
y a su desaparición.

Y pensará
en qué bolsa meter el tiempo
para que el segundo se aprisione
y no dure
y no llegue a minuto
y no sea hora
y no forme días.

Anticipará
sin miedo, con seguridad
cómo es la vida
aún antes de vivir
aún antes de nacer
aún antes de morir. Definitivamente.

Y recordará
buscando entre imágenes
de antes y de ahora, una escena
final, determinante, fugaz
y eterna. Aquella que todavía no ocurrió.

Y nadará
en un mar vacío, de agua
contaminada
de agua a la hora del crepúsculo
de agua en tiempo de marea baja
de agua adherida al cuerpo
que no se desprende, que quema.

Y amará
con desconfianza, sin entrega
con manos extendidas y cerradas
con manos de calor pobre, descolorido
con manos de dedos uniformes
y sin forma.

Y soñará
teniendo los ojos entreabiertos, entrecruzados,
entrelazados
y no podrá contar nunca
ese sueño: se le cerrará la voz.

Y después de preguntar, de
pensar, de anticipar,
de recordar, de nadar, de amar,
de soñar, tendrá
tiempo, y aún le resta suficiente
para fumar un cigarrillo
mientras escucha un tema
de Pink Floyd.

Instantes


En este momento
recordaremos
-con tristeza, sin luz -
aquel otro
- distante, entre nieblas -
en el que pudimos decir
- sin miedo, arrogantes-
este instante, será nuestro.



Fotografía: George Friedman


Es la vida…


Es la vida, la que ocurre
todo el tiempo
a nuestro alrededor.

Es decir esa palabra de consuelo
al desconocido que nos mira;
y es el silencio sin culpa
de los amantes
que no saben de palabras.

Es disfrutar la dulce espera
del hijo que regresa;
y es el dolor callado
y contenido
del que busca su destino.

Es ver la mañana de noviembre
que se cubre de celeste;
jacarandá por toda la vereda
nos invita a caminar
por su alfombra amanecida.

Es oír la risa de los niños
que salen de la escuela;
inunda la casa adormecida
y aquieta el silencio
de la mente que piensa y piensa.

Es sentir la brisa suave
que envuelve los temores;
la lluvia clara que limpia
la tristeza por un rato;
la tibieza del sol otoñal
que se cuela sin permiso.

Es caminar por nuevas calles
descubrir un bar donde el café
sabe a aventuras y placeres;
y paladear sorbo a sorbo
mirando el transcurrir del afuera.

Es contemplar el mar en el invierno
en una playa solitaria;
con  la compañía
amable y protectora de las rocas
y la arena entre los dedos.

Es sentarse en el banco de una plaza
donde todo florece, todo verde;
y ver la lejanía de lo ingrato
en sonidos de pájaros libres.

Es la vida, la que ocurre
todo el tiempo
a nuestro alrededor.

jueves, 15 de febrero de 2018

La noche estrellada


Vincent van Gogh


Construção



Tango


Fotografía: Aldo Sessa


Solo un sueño


Sonrisa en ojos tristes
mirada que ríe entristecida.

Tristeza en labios de lluvia
plenitud que escapa en llanto.

Suavidad de piel en carne viva
tibieza de manos congeladas.

Placer que escurre lágrimas
bebidas a largos tragos lentos.

Olvidos que recuerdan
bocas selladas a besos.

Presencias que olvidan
tiempos amados con garras.

Deseo de instantes
pasión que no termina.

Locura del dolor
miedo al regreso y la partida.

Sueño que regresa cada noche
y nadie para soñarlo.


Árboles al sol




Una tenue luz se asoma entre los añejos árboles que rodean la casa.
Sus ramas parecen tocar el cielo con sus hojas ya cansadas.
Solo se escucha el murmullo del viento que las envuelve y las protege.
Sus raíces se aferran a la tierra para que recuerden su destino.

Quietud


El río y el cielo fundidos en el horizonte.

Las nubes trazan surcos indicando el camino. 

Colores que van descubriendo el anochecer para hacerse uno. 

Quietud. Solo quedarán esas pequeñas luciérnagas para iluminar la noche.


Café


Tsuguharu Foujita

Bodegón


Horacio Butler

El grito



Quiere gritar
y su voz se estrangula en mil nudos
de metal, de hierro retorcido
de acero incandescente y letal.

Quiere gritar
y el sonido de su voz, que fue
vibrante y nocturno
se queda atrapado,
de tal manera aprisionado
que ya en sus oídos
se ha elevado un muro de
piedra y lava.

Quiere gritar
pero no hay quien asista
a la cita. Se ha parado solo
al borde del abismo y
ha decidido detener los días
más altos y enterrarlos.

Quiere gritar
y los labios sellados con su sangre
y sus labios ausentes de palabras
y esos labios que presienten el silencio.
Y son labios sellados de silencios
y palabras

Quiere gritar
y que la lluvia refresque su garganta
y que el goce se haga viento para oírse.
Y que se escuche. Y que se escuche
su grito desgarrado
su grito de montaña sin ladera
su grito alucinado y sin futuro
su grito de entrañas destruidas
su grito de agonía que devora.

Y después que todo se calle.


Un destino: amar


Acariciar las heridas
que por frágiles,
el cuerpo atesora.

Traspasar el grito
que ahoga el pensamiento
y aliviarlo en un susurro.

Acertar la mirada
justa
en unos ojos esperados.

Entibiar las horas
transcurridas
en silencio compartido.

Recordar el encuentro
de dos voces
que evocaban un destino.

Presentir el aroma
de una piel esperada
a la distancia.

Amar, solo amar
y no esperar
en el destierro
nada más.


Regreso a casa


Por las calles oscuras
de la ciudad
en silencio,
se escuchan sus pasos
lejanos, conocidos,
apagados.

Es la noche
que lo llama desde su eterna
soledad.
La de la noche y la de él.

Conversan sin palabras.
Sueñan otra vida.
Disfrutan de la brisa
que de a ratos,
los protege.

Las luces que descubren
su sombra,
acompañan su camino
hasta el refugio.

Ese viejo rincón
debajo de las vías,
que en la noche,
imagina que es su hogar.



Fotografía: Juan di Sandro


Que no me encuentren


Me están buscando
lo presiento
lo sé.

Intenté ocultarme
tras un traje
y un bombín.

Floté, me escondí
detrás de mis ojos
como un espejo.

Palomas, nubes,
manzanas y una pipa
me cubrieron.

Hice flotar una piedra.
Encerré un huevo en una jaula.
Me escondí en un placard.

Contraté dobles,
me hice pasar por otro.
Construí un mundo
debajo de la tierra.

Atravesé arboles
en mi caballo majestuoso.
Me oculté
tras un beso con mi amante.


Todo tan real, tan mágico
tan soñado
que olvidé un detalle:
borrar la firma de mis cuadros.


"Son of man" - René Magritte

Sin voz


Ausencia total de significados.
Desprovista de artilugios y disfraces,
desnuda, oscura, vacía.
Mi palabra contenida.

Camino sin retorno a la nada.
Infinito abismo de mensajes callados.
Silencio en las voces y los gritos.
Mi palabra sin continente.

Muerte anunciada en los gestos.
Ojos que cierran a la mirada sin ojos.
Piel sin caricias ni promesas.
Mi palabra aprisionada.

Soledad aún más sola entre la gente.
Distancia sin tiempo,
momentos sin espacio.
Mi palabra no dicha.

Imagen esfumada y sin contornos,
bruma interior, en lo profundo.
Antesala del fin y de la muerte.
Mi palabra no escuchada.

Música sin aire,
dolor sin sufrimiento,
milenios transcurridos.
Mi palabra callada.