martes, 10 de noviembre de 2020

Como pez en el agua







Más, sed, pared, sal.
Reptar, insecto vital.
Amparada mirada tal.
Canción letal.

Suave suave, más suave...

Y despacio, más
no te nombro
y en el portal
inscribo letras detrás
atrás, matás, delatás.

Suave, suave, más suave...

Amor, mi suave amor.

Si yo fuera secreto
me guardarías bajo siete llaves, dentro del Gran Cofre de las Cosas Prohibidas…
¿no es cierto?

Y estás, volvés, cantás.
Ya está.
¿Qué más?
Das: paz, mar, sal, tras
Zarpar
Caminar
Adelantar
Zaz
Ya
¿Y?
¿Sí?
¿A mí?
Sí!!!


Esa voz, Dios. De dónde viene ese grito amarillo y gris de tu esqueleto brillante.
Deslumbrante.
Y un paso...  Otro. Ya está. Llegó. Dio vuelta a la esquina y aquel auto azul
se lo tragó.
Como un anzuelo. Pescado incomible. Yo no pude. Y quise.
La mesa lista, mi diente ardiente. Pero no.
No se dejó. Pensó que era mejor,
para él.
Para mí, no.

Suave, suave, más suave... Mi amor, mi suave amor...

Quise arrojarte al mar. Decidiste ir caminando hasta allí.
Se perdió la única e irrecuperable posibilidad de lograr que la arena hiciera olas en el mar.
Qué más.

Suave, suave, más suave.
Tu piel de escamas.

Mi amor, mi suave amor
de tentáculos en flor.