sábado, 10 de marzo de 2018

Mi ciudad - Bares de Buenos Aires


Bares de Buenos Aires





Bar Dorrego -  Fotografía: Consuelo de Arco





Bar Porteño - Fotografía: José Graiño


Soledad de noche





Atrapado en el tiempo







Fotografía: ChronosFeR


Luz entre las sombras





Fotografía: ChronosFeR


Mi ciudad - Café Tortoni en Avenida de Mayo


Café Tortoni - Avenida de Mayo







Un homme et une femme (1966)



Francis Lai









En lo profundo



No es frío, no es soledad, no es desamparo
son unas terribles ganas de nadar
en lo profundo de tu mente,
y buscar allí esas respuestas
que tu boca ha sellado para siempre.

Tal vez encuentre lo que busco:
una idea cierta y acabada
de cuál es tu mundo, cuál tu infierno
y el porqué de tu silencio aprisionado.

¿Es posible asesinar sólo al pensarlo
tu irremediable soledad hecha de ausencias?
¿Es posible que el cuerpo te abandone
cuando tu mente cabalga a la distancia?

Y siempre igual, siempre te callas
y ni aun equivocando intentos
me das una certeza, una verdad
una palabra, al menos.

No te preocupes:
no es frío, no es soledad, no es desamparo
es solo temor de ver que en tu espejo
se reflejen los bordes de la muerte.



viernes, 9 de marzo de 2018

Reflejos naturales





Fotografía: ChronosFeR


Transparencias






Fotografía: ChronosFeR


Setenta balcones y ninguna flor


Baldomero Fernández Moreno
Escritor argentino (1886 – 1950)



Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?

La piedra desnuda de tristeza
¡dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta lleno de ilusiones?

¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín?

Si no aman las plantas no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá un clave...

¡Setenta balcones y ninguna flor!







Los amantes


Baldomero Fernández Moreno
Escritor argentino (1886 – 1950)




Ved en sombras el cuarto, y en el lecho
desnudos, sonrosados, rozagantes,
el nudo vivo de los dos amantes
boca con boca y pecho contra pecho.

Se hace más apretado el nudo estrecho,
bailotean los dedos delirantes,
suspéndese el aliento unos instantes...
y he aquí el nudo sexual deshecho.

Un desorden de sábanas y almohadas,
dos pálidas cabezas despeinadas,
una suelta palabra indiferente,

un poco de hambre, un poco de tristeza,
un infantil deseo de pureza
y un vago olor cualquiera en el ambiente.



jueves, 8 de marzo de 2018

Reiniciar



Lejanía de un tiempo
aletargado y gris.
Pausas e inicios
a deshoras.
Idas y vueltas
que no dan tregua.
Paredes huecas
atrapando instantes.
Ideas pasadas
regresando.

Son momentos que perduran, apresando con insistencia la monotonía que no perdona. No pensar en un segundo que se disuelve dentro suyo. Maneras de ocultar que todo es pasajero. Hacer silencio para escuchar esa música sin sonido que viene de lejos, de muy adentro. 

Y volver a empezar.



Misterio en la palabra



Entretejer palabras
sin sentido
ni razón
un desatino.

Solo escuchar la voz
que dicta ideas
anuda pensamientos
desarma incertidumbres.

Descifrar el misterio
que invade ese vacío
transformación real
de ficciones compartidas.




Mundo propio



Esa luz que nace y se derrama entre los árboles
alumbra apenas el sendero que guía su camino.
Una lluvia de hojas caen a sus pies y la conducen
y en la brisa que la envuelve, siente su alma viva.

Respira profundo
respira y ríe
respira y siente
esa melodía
que es solo suya.




miércoles, 7 de marzo de 2018

Cuerpo libre




Me detengo frente al límite de tu sombra
para anunciarte y declarar en juramento
que he decidido a pesar de mis creencias,
de lo mucho que me debes y te debo,
dejarte en libertad.

Ya era tiempo, justo el tiempo
de abolir esclavitudes
en épocas de paz y de armonía.
No era justo, por lo tanto, ni adecuado,
retenerte con cadenas a mi sombra.

Ya puedes levantarte, cuerpo libre
aun arrastrándote, te marchas.
Eso sí: no gires la cabeza
puede que veas tu sombra que era esclava
encadenada a las patas de mi silla.



Pensar en vos



Justo ahora que empezaba
a pensar en mí,
apareciste.

Y no es en uno, dos o tres
ahoras fugaces.
Es en un todo el tiempo.
Es en un siempre.
Es en un por todas partes,
en los que surges.

Y como el tiempo y el espacio
se me hacen uno
desde muy adentro,
basta girar la cabeza,
pensar en tres minutos antes
para que estés.

Es imperdonable que habiendo
tantos motivos para el asombro,
pensar en vos
se me haga rutina.



El deseo




Un frío de muerte recorre mis manos.
Me acerco al fuego para aliviarlas.
Tanto, que se derriten.
Y entonces ya no siento frías mis manos.

Algo parecido debió ocurrir con mi deseo.
Tanto me acerqué  a vos para calmarlo
que ya no lo tengo.

Creo que se consumió en tu imagen.




martes, 6 de marzo de 2018

Sin retorno



Una hoja cae lentamente
desde la copa del árbol hasta el piso
y en ese tiempo fugaz y hasta indecente
te pienso.

Acomodo sin permiso
uno a uno los libros de tu mente.
Desnudo las paredes
dejando a la intemperie
los huecos del arte, sin redes.

Pero no puedo
siquiera suponer
desabrocharte de mi historia
                            de mi vida
                                            de mi pensamiento
                                        de mi locura
                                              de mi deseo.

Es más fácil hacer caer
piedras hasta el cielo.



Ser uno



Un día hecho de una hora
a la sombra de ese árbol reposado
cuando ya no haya espacio
para la eternidad bajo los puentes,
sé que vendrás.

Cautivo en tu enorme libertad
a un cuerpo de distancia de mi alma
despojado
ya de todo y de nada
paseándote impaciente a mis espaldas,
sé que vendrás.

Y entonces
la tiniebla tenebrosa
modulada y virulenta,
nos cubrirá generosa
hasta que lloremos de tanto ver
hasta que volvamos
hasta cuando partamos
ignorando que la noche está enterrada
y que el día aún no nace.

Y veremos
levantarse del cielo hacia la tierra
una luz que dista apenas
un espejo de la sombra,
tu sombra reflejada en
mi sombra. Y seremos uno.







Marc Chagall


Pintor francés  1887 - 1985